
Pero aún con Real Pragmática y
todo se seguían celebrando festejos, por lo que Carlos III tuvo que publicar
una orden un año más tarde disponiendo que solo hubiese espectáculos taurinos
en Madrid, si bien la norma seguía sin cumplirse porque iba en contra del
sentir popular, por lo que no había toros como tal pero se le daba la vuelta a
la norma corriendo animales ensogados y de otras maneras.
Eran tiempos en los que
triunfaban en los ruedos Pedro Romero, “Costillares” y Pepe-Illo, admirados por
sus destrezas tanto dentro como fuera de la plaza, y auténticos ídolos para el
pueblo con los que no pudieron las leyes promulgadas, aunque hicieron mucho
daño, pues habría que decir que con esa normativa se resintieron las asociaciones
de misericordia cuyos beneficios iban destinados al socorro de los más
necesitados, como sería el caso de Zaragoza.
Y traemos este asunto a colación como ejemplo de que la Fiesta, que en muchos casos ha sido atacada
por intereses económicos o políticos como ahora, siempre ha sobrevivido, porque
el toro es algo consustancial a la cultura hispana y a los ámbitos geográficos
que han tenido contacto con ella, pues la historia son ciclos y después de una
contracción siempre se produce una expansión, lo que no quiere decir que en
estos momentos de ataques furibundos a la Fiesta nos dejemos ganar la partida
sin luchar por quienes defienden otro tipo de intereses.
Hay un punto que nos puede hacer pensar y es que eran los tiempos de Pedro Romero, Pepe Hillo o Costillares y la gente quería ver toros. Ahora no hay fenómenos con esa fuerza necesaria que ponga esto en su sitio y además no existe ese interés, desgraciadamente cada vez los toros se apartan más y más de la sociedad.
ResponderEliminarUn saludo
En estos momentos quizá tengas razón, Enrique;pero en Zaragoza hace un año no iba nadie a la plaza y ahora torea por la calle. Y es que la vida da muchas vueltas.
ResponderEliminarSaludos