Hoy se celebraba una corrida de toros en el corazón del Somontano sin (aparentemente) venir a cuento, es decir, no eran fiestas ni se conmemoraba cosa alguna. Pero ya saben que en este mundo del toro nadie hace algo por nada y motivos habría. A ver quien da en el clavo, se admiten apuestas.
El festejo tenía su aquel porque era el primero de la temporada taurina en Aragón, y eso, quieras que no tiene su importancia, y seguro que es un dato que saldrá en la Historia de la Tauromaquia de Barbastro cuando se escriba. Para el evento el empresario del coso y apoderado de uno de los actuantes había comprado un lote del hierro de Fernando Peña, procedencia Torrestrella (Domecq para los amigos), Núñez y Luis Algarra, es decir, bombones de Fantoba, pues se trataba de coger sitio al toro a principio de temporada con el mínimo riesgo posible. Los toretes eran de plaza de tercera, lo que es Barbastro, todo hay que decirlo, cómodos de cabeza, en la frontera de pitones y con el trapío justo. Los tres primeros han sido nobles, de buen tranco y justos de fuerzas, siendo aplaudido el primero por su matador en el arrastre. Por contra, cuarto, quinto y sexto no han dado opciones; sin fuerzas uno e inválidos los dos últimos sólo han podido mostrar nobleza.
Juan Bautista se ha enfrentado en primer lugar a un toro bueno, que va y viene de largo aunque tenía el defecto de quererse ir. El animal se ha dejado dar en el caballo y su matador ha estado correcto con él, pero sin que pasara nada, sin romperse. Epiloga su faena con una buena estocada recibiendo y pasea dos orejas. Al cuarto lo ha saludado con una larga cambiada, posteriormente el bicho se va suelto del caballo y le dan mucho en la tercera vara. Ya en la muleta el toro no colabora como le gustaría a Bautista que torea por arriba para que no se caiga su oponente y así le es complicado llegar arriba. La faena resulta larga y de muchos muletazos, plasmando la cruda realidad de la Fiesta actual. Pincha en la suerte contraria y logra una casi entera en la natural, por lo que resulta ovacionado.
César Jiménez ha visto cómo su primero se empleaba en el caballo, romaneaba y metía los riñones levantado las patas traseras. En banderillas se ha lucido Arruga y el torero se ha prologado de rodillas. Una vez de pie ha toreado a media altura, sin molestar mucho. Ahí se han visto abundantes pases con algún parón y reducción de distancias en la fase final. Se tira a matar en la suerte contraria y pincha al bravo. Posteriormente acierta arriba en la natural y cobra un trofeo. En postreras declaraciones manifestaría el espada que para matar no tiene en cuenta la suerte contraria o la natural ¡Vivir para ver!. El quinto era un animal que parecía descordado o lesionado al que parean con aseo Ruano y Arruga. En la muleta embiste el de Peña con franqueza pero rebrincado por su discapacidad, aunque se va de lejos. Buen toro que hubiera sido que al final tiene tendencia a rajarse. Mata de estocada baja y pasea dos orejas el torero.
Morenito de Aranda ha tenido en primer lugar un torete noble pero justo de fuerzas al que pegan un puyazo suave. Dobla las manos al principio de la faena y su matador receta series cortas con apuntes estéticos y de calidad dentro de un conjunto irregular en el que pasan pocas cosas. Finaliza de estocada arriba en la suerte contraria seguida de un descabello. Oreja. Cuando sale el sexto se toca la Jota de los Toros, un animal inválido que rueda por los suelos tras recibir su puyazo. A continuación se colocan banderillas y después el Moreno decide hacer un quite que resulta deslucido por lo tarde y por las escasas condiciones del toro. En la muleta el astado se rebrinca por la falta de fuerzas y la faena resulta larga y algo tediosa. Al final una estocada introduciendo tres cuartas partes del acero, tendida y desprendida acaban con la vida del que cerraba plaza, yendo al desolladero sin una oreja, pero llevándose las ilusiones de su matador que ve cómo sus compañeros abandonan el coso a hombros y él, siendo el pupilo del empresario, debe hacerlo a pie.